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Área Transmisión-Reseña-Crónica

Actividad de Biblioteca:
Presentación de libro "Entre París y Buenos Aires. La invención del psicólogo (1942-1966)" de Alejandro Dagfal.

Comentarios a cargo de Graciela Gonzalez y José Damiano. Miembros de CITA

Reseña

Con la particularidad de presentar este libro como una despedida,  luego de varios años dedicados a su escritura y de varias presentaciones en Argentina y en Francia, Alejandro Dagfal compartió con nosotros - por primera vez en una Institución psicoanalítica- su criatura.

En principio, Graciela Gonzalez abordó la lectura del libro situando  la noción de síntoma en la enseñanza de Lacan en tanto “invención”,  parafraseando el título del libro. Y recortando del texto una parte casi testimonial en relación a la historia misma de su escritura, una construcción de saber que va cercando el objeto de una invención. Luego del comentario de las distintas partes del libro, los temas que aborda, las hipótesis,  entrecruzamientos,  preguntas y  respuestas no del todo cerradas, José  Damiano nos acercó su comentario.  Un comentario de lo que resonó en él luego de leer el libro: el cotidiano replanteo de su función como docente en la Universidad, y un interés por la historia del psicólogo clínico argentino, en función de una actividad y una preocupación futura. De otra manera, abordó la lectura desde el mismo punto que lo hizo Graciela Gonzalez, pero rescatando el  significante “invención” del título y llevándolo a la noción de “invento”: el psicólogo clínico argentino. Otro invento argentino. Y citó del prólogo de Elisabeth Roudinesco algo que refleja el carácter de invento y  el problema de actualidad: “En efecto, el  psicólogo argentino cuya orientación clínica ha sido muy acentuada, es una rara avis, en la medida en que el psicoanálisis ha sido para él una referencia ineluctable durante cinco décadas. Primero el psicoanálisis de origen inglés y luego el de origen francés guiaron la formación y la práctica de estos profesionales singulares. Simultáneamente, en ese dominio, en casi todo el resto del mundo se constataba el ascenso de las teorías cognitivo-comportamentales norteamericanas que, no obstante, nunca pudieron echar raíces en el Río de La Plata.”  Y agregó a la tesis de Alejandro Dagfal que en psicoanálisis hay una pregunta, como algo fundamental del psicoanálisis, que rige una ética compleja. La pregunta fundamental de por qué la gente abandona lo que constituye su pasión, y lo que sabe hacer, aunque no sea una estrella. ¿Por qué la gente abandona su saber hacer? Una pregunta que Lacan traslada a las naciones.

Y volvió al libro de Alejandro, concluyendo que más allá del determinismo histórico, los psicólogos trabajan de todo, en todos lados; se le encuentra algún uso a ese objeto. “A lo mejor, en los debates de la Universidad actual, la tesis de Alejandro pueda servir para un invento”.

A continuación tomó la palabra el autor advirtiendo que “cuando uno escribe un libro escribe también sobre uno mismo”, y partió de la pregunta de qué fue lo que lo llevó a escribir éste en particular, enmarcado entre 1942 y 1966,  un período histórico muy anterior al de su formación como psicólogo, en los años ’80 y ‘90. Y la respuesta a esta pregunta la vinculó con la necesidad de entender algo sobre los orígenes de la psicología argentina. En el panorama caótico de la disciplina, que había conocido durante sus estudios, se destacaba un hecho singular: la importancia del psicoanálisis y el paradigma estructuralista. En clave autobiográfica, Dagfal explicó que él era consciente de esa singularidad, ya que había empezado a interesarse por la psicología cuando tenía 17 años, y residía en EEUU. Y allí el panorama era muy diferente. No era menos caótico, pero ciertamente no era psicoanalítico.

Ya en los ’90, mientras se formaba en psicoanálisis en Buenos Aires, sentía que antes de dedicarse a la clínica necesitaba ampliar sus horizontes; quería entender de dónde venía esa “singularidad del caso argentino”, según la cual hablar de “psicólogo clínico” resultaba redundante, ya que, en Argentina, el ser del psicólogo pasaba por la clínica. Y ese interrogante fue el que lo condujo al campo de la historia, tratando a su vez de responder una pregunta: “¿cómo fue que el psicólogo en la Argentina llegó a ser como es?” Pero responder esta pregunta implicaba “desnaturalizar” lo que parecía más obvio: la estrecha relación entre psicología y psicoanálisis. Para que esa relación pudiera constituirse como problema histórico, no podía ser tomada como algo “natural”. Había que recuperar el asombro ante algo que en casi todo el resto del mundo no se había producido.

Y en este punto subrayó el carácter contingente, no necesario, tanto de su historia personal como de la historia en general. Del mismo modo en que “no estaba escrito” que Dagfal iba a terminar siendo historiador (y no psicoanalista), tampoco estaba escrito que, en la Argentina, psicólogo y psicólogo clínico iban a terminar siendo sinónimos. No estaba escrito que, en los años ’60, el psicoanálisis kleiniano que se implantó en nuestro país iba a ingresar en las carreras de psicología, transformando el rol del psicólogo de manera radical. Tampoco estaba escrito que, durante los años ’70, iban a instalarse el paradigma estructuralista y el psicoanálisis lacaniano, que marcaron la formación de todos los asistentes a la presentación.  

Respecto de la “invención”, brújula orientadora de los comentarios, el autor precisó que no es lo mismo afirmar que “el psicólogo es un invento argentino” que decir que “el psicólogo argentino es un invento”. Claramente, se inclinó por esta segunda opción.

En resumen, podría decirse que la hipótesis fundamental del libro presentado es que este invento (es decir, la particular relación entre psicología y psicoanálisis que existe en nuestro país) sólo puede entenderse a la luz de la influencia del pensamiento francés. En ese sentido, el autor terminó remarcando que lo interesante de las investigaciones históricas es que, más allá de cuestiones eruditas, permiten conocer qué pasó para posicionarse respecto de los debates actuales.

Betina Ganim