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Presentación del Libro Seminario 18
“De un discurso que no fuera del semblante” de Jacques Lacan.

Reseña

Se ha llevado a cabo en CITA, el 27 de mayo, una actividad organizada desde el área de Biblioteca consistente en la presentación de un libro, pero que tratándose de un Seminario de Jacques Lacan, Libro 18: “De un discurso que no fuera del semblante”, se inscribe además en el espacio de “Actualidad de la Orientación Lacaniana” que fundamos en la institución en el 2005, proponiéndonos con el mismo informar a nuestra comunidad, de algunas cuestiones que tienen que ver con la política de la Orientación en el mundo, en Argentina y en nuestra ciudad.

Parte de esta política tiene que ver con el trabajo de establecimiento de los seminarios de Lacan por parte de J. A. Miller para la comunidad analítica.

Consideramos importante hacer un comentario de la aparición del 18, para causar interés y entusiasmo en leer a Lacan y no solo a sus comentadores, pues la letra de Lacan es insustituible.

La idea que nos propone José Damiano, a cargo de ésta presentación es simple pero compleja a la vez, intentar transmitir de qué trata este seminario.

A través de una cita, comienza a situarnos cuál es el espíritu de Lacan, qué pretendía él con ese titulo: “De un discurso que no fuera del semblante”. La misma se sitúa al comienzo del capítulo VIII, “El hombre y la mujer y la lógica”, donde dirá abruptamente que, cada discurso determina, según sus funciones, con más o menos claridad algunas cosas, y que dentro de las funciones que determina y muestra el discurso analítico, se muestra una equivalencia entre lo escrito y el goce.  Nos recuerda que este Seminario se ubica muy en continuidad con el 17, donde establece los cuatro discursos, por lo que hay que situar el punto de partida del actual seminario en el deseo de Lacan de: “Querer darle un nuevo impulso al discurso analítico”.

En los últimos capítulos del Seminario 17 trabajó la Impotencia y la Imposibilidad inherente a cada discurso. En el caso del discurso analítico, tenemos que saca a la luz la compulsión de repetición y la pulsión de muerte freudiana. Lo que se escribe en el lugar del producto en este discurso es leído como la producción de los significantes de la repetición y esos significantes se encuentran en barrera con el saber, que está colocado en el lugar de la verdad.

Es decir que el saber con el que cuenta el analista no tiene ninguna posibilidad de operar sobre los significantes de la repetición que produjo ese mismo discurso; es un punto de imposibilidad. Acentuando: volvemos a encontrar entonces aquí lo incurable del síntoma…

A partir de esa ubicación, José nos dice que, el trabajo de Lacan se hace con la hipótesis puesta en el título, por la negativa y en condicional, de la posibilidad de llegar a escribir un discurso, que sería un quinto, que no fuera del semblante,  y en el mismo movimiento coloca a los otros discursos como semblantes.

La categoría de semblante nace en este seminario y recae en el lugar del agente del discurso. Dicha categoría toma, reúne, el simbólico e imaginario juntos y lo opone a lo real.                       

Semblante no es apariencia porque detrás suyo no hay ninguna esencia. Al modo de lo que fue el nacimiento de la ciencia el semblante localiza, indica el lugar de un real.

Operación inédita ésta de trabajar juntos dos registros para permitir delimitar mejor el registro de lo Real, cuya cuestión trabaja a lo largo de este seminario, principalmente en relación al estatuto de lo escrito, la letra.   

De eso trata el seminario y con estos recursos trabajamos para abordar en la actualidad, la oposición entre  Síntoma y Semblante.

Esta operación implica poner del lado del semblante todo lo que fue elucubrado como el inconsciente según las leyes del lenguaje, los efectos de Significación y Sentido, así como también los discursos, y redefinir el inconsciente como del orden del discurso del amo. Y en oposición a eso localizar lo escrito y la letra. Por supuesto, compulsión de repetición y síntoma quedaran ubicados ahora como a estudiar en relación a lo escrito.

La presentación iba tomando calor, el necesario para plantear cómo Lacan indaga cuestiones que no resuelve el discurso analítico, por un lado, las nombradas, es decir, el lugar de S1 como productos de ese discurso; pero también, por otro lado, nos recuerda que Lacan ha establecido que el funcionamiento del objeto en todo discurso, funciona siempre como plus de gozar.

Empujando la pregunta inicial, aborda otra temática vinculada a un discurso que no fuera del semblante, ésta sería si es posible desconectar el objeto de ese modo de funcionamiento como plus de goce, de manera tal que el analizado no vuelva a reabsorberse en otros discursos.

A tales fines y de manera hipotética hay un estudio fundado en la posición de algunos sabios de la antigua china, (principalmente Mencio);  desde la cual la relación al objeto se pacificaría por su desconexión del plus y se subjetivaría que los discursos son semblantes.

El comentario avanza para señalar otra cuestión nodal: las relaciones entre la verdad y lo escrito. Hay de entrada una dificultad y que Lacan orienta en su resolución. Sostiene, a partir del Seminario 16, que la noción de síntoma tal como la trabajamos fue un invento de Marx antes que de Freud, y ubicando al síntoma como semblante en principio; porque tanto Marx como Freud hacen hablar a ciertos fenómenos que recortan como sintomáticos, como por ejemplo la acumulación de mercancías. Marx de ese modo le hace decir verdades al síntoma que le permiten formalizar una estructura.

Lacan observando las consecuencias del marxismo, quiere también llevar las cosas más lejos, pues ¿Fue suficiente revelar verdades y formalizar estructuras? ¿Marx modificó en algo al capitalismo?  En todo caso lo consolida ¡! Sin hablar de la sangre derramada en su nombre. Gran enseñanza del fanatismo por la verdad.

Para el caso del discurso analítico, la preocupación de Lacan es orientar esa verdad que habla en el síntoma hacia lo escrito. Hay allí un paso de dificultad, pero ubica a la verdad en el lugar del semblante, acuñando una expresión nueva, la dit-mensión (demansión), la casa de la verdad es el dicho, la verdad como un efecto del decir en el lugar de Otro. El asunto es orientar ese semblante hacia el lugar de lo escrito ¿Cómo hacer?

Un comentario más sobre esta cuestión, el comienzo del análisis, el de hacer hablar al síntoma produce un desencadenamiento de la verdad, rompiendo las ataduras de la verdad a la realidad (adecuación de la verdad a la cosa); también ruptura de las cadenas que la lógica le pone a la verdad, al modo de “entre la espada y la pared” con su ¿verdadero o falso?

Al comienzo del análisis, la apertura del síntoma es un desencadenamiento de la verdad de todo principio lógico y de toda atadura con su referente.

Pero al discutir las relaciones de la verdad con lo escrito, retoma la verdad en la inspiración de la lógica, pues opera transformando el enunciado en letra sin sentido y la articulación verificable entre letras (como en Lógica).

Entonces, subraya José, de la verdad semblante desencadenada a la verdad encadenada y ajustada a los principios lógicos de verificación; de reducción de sentido a letra y verificación.

Así los hilos se van reuniendo y vamos obteniendo algo de la trama de este Seminario, que prosigue destacando las relaciones de lo escrito con la palabra.

Nos dirá, que es clave considerar que lo escrito no es algo previo a la palabra, al contrario, son la palabra y el lenguaje los que producen los efectos de escritura.   Enfatizando, no solamente lo escrito como escritura sino también y sobre todo: qué hay de escrito en el lenguaje oral, pues la práctica psicoanalítica llegará a lo escrito a partir de la palabra y pasan a ser decisivos para Lacan los ejemplos privilegiados de los ideogramas chinos y el lenguaje japonés por ser paradigmáticos de lo escrito en el lenguaje oral.

El occidental supone que detrás del semblante hay un ser, pero la constitución del japonés en relación a las reglas escritas de la lengua hace que sea uno diferente en cada escena y no es posible armarle un ser.

Otro instrumento del que se vale Lacan es el arte de escribir ideogramas chinos, destacando la singularidad de la letra de cada pintor por un rasgo en la letra, que Lacan vincula a la realización de un goce pulsional en la pintura, por lo cual cada uno de esos ideogramas son perfectamente atribuibles a un autor.

Llegamos así a un último punto a destacar  de este movimiento de pasaje que ocurre en el seminario: la letra que más trabaja Lacan es la escritura de la letra fálica, que escribe el goce fálico.

Nuevamente parte de la sexuación que da el complejo el Edipo, el Nombre del Padre,  constituida en relación al elemento Falo y Castración: Ser el falo que conlleva la castración en tener (para el caso de a mujer) y Tener (en el caso del varón) que conlleva la castración en ser. Pero toda esta dialéctica, tan estudiada y trabajada es en este Seminario nuevamente dejada del lado del semblante.

Lacan avanza en el sentido de la pregunta ¿Qué real escrito hay en la sexuación? Eso lo lleva a estudiar - en el lugar en donde el falo es también falta, un significante - la escritura de la letra fálica, para lo cual hace una relectura del Seminario sobre “La carta robada”.

Todo apunta a escribir con esa letra Φ, goce fálico como el goce sexual real que se escribe, en principio para todos, es decir; no es eso lo que determina el sexo.   Lo que lo determine será el cómo se posicione cada uno en relación al goce fálico, para eso Lacan retoma los desarrollos de la lógica-matemática con la aplicación de los cuantificadores (no ya al modo de Aristóteles) sino con la más moderna lógico matemática, reemplazando lo poco de sentido que quedaba; y ensayando las  fórmulas de sexuación en el hombre y la mujer. Todo esto en oposición a entender qué es un hombre y qué una mujer a nivel del significante.

No seriamos fieles al espíritu de este trabajo si no recordáramos que hay algo que se verifica que no se escribe: la relación sexual. Hay escritura del Goce fálico, no hay escritura de la  relación sexual.

La presentación concluye habiendo trazado un somero semblante del horizonte de Lacan en el 71’, para que cada uno en su momento haga su propio derrotero.

Carlos Davicino