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Clínica

A propósito del pago

Incluso antes de inclinarme decididamente por el psicoanálisis, siempre me inquietó el tema del pago cuando se trata de cualquier tratamiento psicoterapéutico, pero, el cómo será esto en la práctica analítica de orientación lacaniana es algo que tiene un interés particular. Así surgen preguntas como: ¿cuánto es el honorario?, ¿cuál es el parámetro para fijarlo?, ¿es un para todos igual?, ¿tiene que ver con el tiempo en intención o en extensión de la cura?, ¿es una cuestión de la experiencia y los "honores" del analista?, ¿cual es el momento de aumentar, o no?, y como estas, muchas otras que aparecen respecto a este tema.

Ahora bien, en el CAP, uno de los espacios de C.I.T.A, institución de formación analítica en la cual participo, surge la discusión sobre el pago haciendo referencia a las vicisitudes y pormenores afrontados por los analistas, en especial aquellos que nos iniciamos en esta práctica.

En dicho espacio los candidatos analizantes que llegan a la institución con demanda de atención pasan por la instancia de admisión en donde se les comunica que serán atendidos posteriormente por otro analista, también se fija un honorario institucional que podrá ser, en principio, modificado luego de seis meses de haber iniciado el tratamiento, además de ser atendidos en el consultorio privado de aquel que tome el caso. Esto quiere decir que la demanda a la institución tendrá contacto directo con la misma sólo en el primer acercamiento, de ahí en más la cuestión se juega en otro escenario.

Es curiosa la modalidad que toma lo institucional aquí, el pago está en el lugar de último amarre a la misma, parece ser lo que sostiene el vínculo entre los dos ámbitos. Luego pueden presentarse las dificultades en relación por ejemplo al aumento o no de lo pautado y cuál es el momento oportuno para hacerlo, y es allí donde entra en consideración fundamental el acto analítico, la instauración de algo nuevo, qué es lo que se juega en el cruce de lo singular y lo estandarizado.

La idea que podría pensarse a modo de título de lo dicho es "del fantasma de la institución a lo real de la clínica", institución que contextualiza la práctica, es de alguna manera garante y brinda cierta protección ante lo real de la clínica, más aún para quienes buscamos en nuestros inicios alojamiento, un lugar de contención que señale nuestros actos. Fantasma como velo de lo real quizás resguarde aquel tiempo en que hay que tomar una decisión, una posición respecto al caso en relación a este tema. En el pago, precisamente puede que donde aparece algún atisbo de angustia en el analista ésta es efectiva, no engaña, marca la antesala del acto, de aquella maniobra que tenga valor de acto analítico y que inaugure algo novedoso, de otro orden, un nuevo saber, paso por un umbral aunque esto no es sin riesgos y efectos no calculables. Un movimiento que en el acto lo institucional queda a un costado, ahí se está solo.

Por otro lado, C.I.T.A  no parece amoldarse a cualquier espacio de formación de los que se nos ocurriría cuando pensamos en esto. Son curiosas también sus  particularidades en los tiempos postmodernos, los que participamos podríamos decir que nos estamos capacitando, pero sin embargo no hay ningún tipo de evaluación que califique, contabilice y de puntajes por rendimiento a los objetos universitarios, en suma se busca recrear la falta que motoriza al deseo.

Aunque no es todo gratis, hay que pagar, y no sólo implica al dinero, sino que se lo hace con la participación activa, con las ideas, con la palabra y el cuerpo, la escritura de casos, la producción y los interrogantes que pongan en discusión nuestra época y la relación de los analistas con el psicoanálisis en su dimensión ética y política.

Entonces, el pago presenta diferentes vertientes a tener en cuenta, a saber por ejemplo, en el ámbito de lo privado, en las instituciones en general, del lado del paciente (el lugar del dinero en su economía de goce), del lado del analista, es decir, quiénes están implicados en esto y de qué manera lo están, además cabe preguntarse en cada caso si existe un pago más allá del dinero y de qué se trata éste. Estos planteos contornean el compromiso del tema con la ética del psicoanálisis en la concepción y búsqueda del sujeto donde todo se reduce a las innumerables variables que intervienen respecto a lo humano y el lugar del acto analítico, un saber hacer en este sentido. Freud se refiere a esto cuando habla de las reglas del dispositivo pero no de una mecanización del mismo, por otro lado, dice que el paciente hace un buen negocio invirtiendo en una cura y "no hay en la vida nada más costoso que la enfermedad yla estupidez".

El analista da "crédito" al futuro análisis con ese paciente y el paciente invierte en eso, debe haber una apuesta, pero no hay posibilidad alguna sin el deseo del analista y el compromiso decidido del sujeto. En esa "otra escena" el analista paga, en el decir de Lacan, con palabra, con su persona y con lo que hay de esencial en su juicio más íntimo, el sujeto lo hace y puede que no sólo con dinero, también debe perder goce al hablar.

El "no solo con dinero" es un punto a trabajar pensando el psicoanálisis en lugares de atención pública donde la atención es gratuita y las consecuencias que esto acarrea a la hora de la responsabilidad e implicación subjetiva, ya que a veces lo "gratuito" carece de valor y no incomoda en la posición gozosa.

Por último, el interrogante de cómo crear y sostener la "otra escena", el lazo social que se da en otro plano en un tiempo que se rige por las leyes del mercado, la a-dicción y la subjetividad con la que nos topamos y la cual no nos es ajena, cómo puede el psicoanálisis habitar a pesar de esto. El cómo hacer cuando la demanda es en posición de consumo, del mismo modo que comprar cualquier otro objeto que obture la falta, un televisor, un nuevo celular o un sentido para su sufrimiento (y rápido), ¿aquí se pierde goce o se compra? Por otro lado, el analista es alguien que presta un servicio, "servidor que le pagan para la conexión al inconciente" (José Damiano) ya que no es sin que él ocupe su lugar, y además debe procurarse un sustento.

Si en el análisis, el acto, el tiempo, la producción no están en la serie de las mercancías, cuáles son las maniobras para habitar en la postmodernidad sin desdibujarse en el intento.

En definitiva, parece ser precisamente que se trata de un saber hacer-maniobrar usando como pivote la ética del psicoanálisis problematizando críticamente con otros a partir de la clínica del caso por caso.

Bruno G. Trepat
Participante de Cita

 

Referencias bibliograficas:

* "El acto analítico no es una mercancía". En "Efectos de la experiencia analítica". Oscar Zack.

* "Iniciación del tratamiento". S. Freud.

* "La dirección de la cura y los principios de su poder". J. Lacan.

* "La pasión del jugador: una apuesta, una espera". Luis Martinez - Dalia Lifschitz.

* "La cárcel del pensamiento". En "La Cita" revista Nº 2.