
Ateneo Clínico.
Presentación: Graciela González
Reseña
El pasado 21 de septiembre se llevó a cabo en CITA, el tercer ateneo clínico del año. El caso que Graciela González compartió, y que fue acompañado por los comentarios de Tomas Hoffmann interroga fuertemente sobre los modos de constitución subjetiva en el marco del nuevo orden simbólico.
El material lleva un titulo compuesto de varias ideas: “Me arme sola” o “de hija solo el titulo” o bien…”con uñas y con diente…rnet”
O por que no…”lo inconfesable, algo cuelga del cuerpo sin sostén”.
Cada una de las frases que componen el titulo, surgen de dichos de la paciente, una jovencita de 20 años que siguiendo el mandato paterno: “sin titulo no sos nadie”, llega a la cuidad a estudiar una carrera universitaria. Las dificultades para dormir, tras los fracasados intentos de conseguirlo siguiendo las prescripciones que vía Internet encuentra, son el motivo por el cual realiza una consulta psicológica.
En los distintos títulos se encuentran las claves de lectura que se proponen. Si bien se parte de un acuerdo común: darle una relevancia nula al diagnóstico, cada uno de los hilos que se desarrollan, bordean sin atar esta cuestión. Entre psicosis y neurosis se interroga el estatuto de ciertos fenómenos donde se pone en evidencia que la necesidad de conocer a la estructura no impide el tratamiento del caso.
“Me arme sola”, desde la lectura propuesta es un dicho que se sostiene en cierto rechazo que puede escucharse de una mamá que no le hablaba, y a quien desautoriza en cuanto al saber, y en un papá en cuyo mandato se puede interpretar el deseo de un hijo varón.
La idea de un rechazo, se pone en juego también en otros aspectos que aluden a un ordenamiento paterno: hay una búsqueda de instrucciones, de programas, de reglas con los que intenta ordenar estrictamente sus actividades de modo que su organismo no genere molestias y en los que una y otra vez falla. ¿Rechazo o fracaso? La pregunta se relanza, con diferentes formas en cada puntuación.
“Me arme sola”, permite dar cuenta además, de los recursos que sola, sin el otro, va inventando cada vez, en los lugares donde algo del vacío se pone en juego. La noción de recursos es destacada en tanto el interés esta puesto en poder localizar lo singular de su respuesta, en ese sentido se pone el acento en las soluciones que encuentra al momento de dormir: rascar los bordes de la frazada o la escritura al estilo de un diálogo “entre usted y yo”, donde llegado a un punto de imposible construye un otro capaz de desearle un buen descanso. Este último recurso, teniendo en cuenta cierto alivio que la vía transferencial abre, al encontrar a otro que la escucha y con quien arma sus propios criterios, genera la pregunta sobre que lugar darle en la dirección de la cura.
En el recorrido que ha hecho, con la escucha de una analista, puede leerse como encuentra soluciones más flexibles, menos programadas, un look más natural, la posibilidad de improvisar con la imagen.
En torno a la característica de los recursos que implementa surge la siguiente cuestión: Sabemos como operar cuando lo imaginario es vehiculizado por lo simbólico, pero cuando es al revés, ¿cuando lo simbólico es vehiculizado por lo imaginario? ¿En que se sostienen estas respuestas? Hay una lectura, pero ¿es el Nombre del Padre el operador desde donde se realiza esa lectura, y sino cuál?
Otro modo de bordear el diagnóstico diferencial surge en la siguiente reflexión: El dormir guarda relación con el narcisismo, implica un retorno de la libido, y para esto es necesario un orden corporal, una envoltura narcisistica. La pregunta es si este trabajo que hace para dormir, es el trabajo para armar un cuerpo, este planteo, toma consistencia junto a otros datos que convergen en la dificultad para construir un imaginario: horas frente al espejo hasta encontrar una imagen, un modo adecuado de hablar y pensar en cada ocasión. Una relación con una amiga que se rompe por que no soporta que la confundan, que la copie, que no la distingan. Entonces ¿esta paciente, tiene un cuerpo?
Sobre esta línea de interrogantes se anotan las puntuaciones que surgen del dicho: “Lo inconfesable algo cuelga del cuerpo sin sostén”. Por primera vez confiesa a su analista la molestia que le da tener un pedazo de piel en la panza. Ese pedazo de piel despegado del músculo que no se puede eliminar, al menos de manera natural, que siempre la perturba y sobre todo, en el momento del encuentro sexual, da lugar a distintas preguntas: ¿se pone en juego aquí un real que no adviene a la significación fálica, un real que desarma el cuerpo? ¿Es un real que a partir de la mirada de un hombre desarma la imagen fálica? O se lo deja allí colgando como el trapito fálico, resto de la exigencia fálica que procede del padre?
Llegado a un punto, donde son suficientes las preguntas que se han abierto, el encuentro, que ha sido coordinado por Alejandra Gorriz, termina con más interrogantes que certezas y el empuje a querer decir, a querer saber un poco mas.Jessica Wagner
Participante de CITA