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La práctica psicoanalítica de hoy

Invitado: Juan Carlos Indart

(...)Y hoy estamos enfrentando  cada vez con mayor frecuencia  una clínica en la que estamos un poco como aquellos viejos psiquiatras –que aún no lo eran- y tratando de ver cómo ordenar los hechos. Podríamos decir que se funda una clínica     propiamente psicoanalítica a partir de Freud, con Lacan, y aprendimos todo esto que hoy se denomina como el Lacan clásico,   una cantidad de años de su enseñanza, en la que los criterios de diagnóstico y de ubicación en tipos clínicos, habían sido llevados por Lacan a un extremo rigor; a disponer uno de rasgos diferenciales muy precisos para poder tipificar los casos (...)

(...)Esa estabilidad que teníamos duró poco, porque cuando terminábamos realmente de empezar a  entender   todo eso y a poder practicarlo en las discusiones, se empezaron a describir casos con estas características: por un lado, muy claramente vinculados a grandes cambios sociales, a efectos de lo que llamamos el malestar en la cultura. Cierta decadencia y fracaso de la función del Nombre del Padre, el desquicio de la organización familiar, y esa especie de oleada de generaciones nuevas, que aparecen en el mundo absolutamente desinsertadas   del orden anterior (...)

(...)Al mismo tiempo se fue advirtiendo que en la enseñanza de Lacan, Lacan iba progresivamente planteando nuevas cosas contradictorias o diferentes, o en otro nivel distinto al que había sido su producción freudiana  de  lectura de Freud y de clarificación de todos los casos clínicos. El punto más importante que sigue todavía causando su desazón lo podríamos situar allí. Progresivamente en Lacan la solución del Nombre del Padre deja de ser la definición del nudo  como tal del inconsciente.  En la primera idea, cuando forclusión del nombre del padre era el criterio claro para diferenciar psicosis de neurosis, el anudamiento del nombre del padre tenía una coincidencia muy grande con la definición  como  tal del inconsciente, en su funcionamiento por represión. Hasta el punto que   se forjaron las expresiones   que están en Lacan  desabonado del inconsciente, para referirse a la psicosis.  Pero como sabemos   progresivamente Lacan se interesó cada vez más en algo que  en cierto modo siempre dijo, pero que ahora empieza  a tener una correlación con la clínica que tenemos que enfrentar: que hay toda una serie de efectos del lenguaje sobre el cuerpo en el ser parlante, y que no son enteramente caóticos y que tienen sus estructuraciones y que son previos a   solución del  nombre del padre y   por eso Lacan pudo empezar a decir, hacia el  final de su enseñanza “lo normal es la psicosis”,  no se nace con el Edipo, por decir así, y hay muchas cosas que pasan y muchos efectos del lenguaje, son, de lo simbólico sobre lo imaginario, y de lo imaginario sobre el goce corporal, anteriores a una solución como  la del nombre del padre. Por eso el nombre del padre puede  empezar a ser llamado  una suplencia entre otras, importantísima, ha mostrado su eficacia en miles de años, pero es una entre otras, está abierto a que pueda haber suplencias mejores o peores, o nuevas, o que no conocemos, y que no fuesen las del nombre del padre (...).

(...) Entonces hubo sin duda un esfuerzo muy grande para tratar de indicar que el dispositivo analítico, como lo había estructurado Lacan,  no debe retroceder –como no retrocedió ante la psicosis- no debe retroceder ante los inclasificables. Y hubo entonces mucha tarea destinada a que el psicoanalista saliera un poco de las condiciones más clásicas de su consultorio, y se situase como analista enfrentando clínicas con otros dispositivos, a nivel institucional, en hospitales, e incluso en centros de asistencia a cargo  de psicoanalistas, e inclusive  con tratamientos que pueden ser muy breves, donde sólo se puede atender al paciente  que llega 2, o 3,  veces, y ver qué tipo de resultados se podían obtener, etc. (...)

(...)Mi apuesta de trabajo, podría decir que está en el título que le puse al trabajo que presenté en Brasil, se llama “Sobre lo que el discurso universitario clasifica”. Esta conjetura de trabajo es que hay fenómenos que se pueden ordenar, pero que no se pueden ordenar con la clínica de la histeria, de la obsesión, etc. pero que se pueden ordenar y entender mejor considerando los efectos para un sujeto de su posición, no en el discurso edípico, en el discurso del Amo sino en el discurso Universitario, que como saben va bastante más allá de lo que el nombre indica, la universidad, y que se refiere a todo un nuevo modo de organización social , donde el que manda, el S1, desde el padre a todas las figuras de autoridad que quieran, es reemplazado por un Saber. Bien, con eso comenzamos a trabajar casos clínicos concretos. (...)

Bien, yo anoté en 4 puntos  en relación con estos casos, los 4 puntos de lo inclasificable:

  1. La ausencia de operatividad en cuanto a la función del No, y por  tanto la de cualquier subjetivación del acto que instituya un límite(...).
  2. Después se observan unas peculiaridades en la constitución imaginaria. La imagen, el yo, la imagen corporal en la relación con el semejante  está tensada en el  mínimo de lo que nosotros describíamos como situación de envidia, y de máxima especularidad(...).
  3. Un tercer punto es que los síntomas no están articulados al fantasma...  Si uno indaga el síntoma por la vía fantasmática  lo que verifica es que el síntoma perfora al fantasma, lo rompe  sin ninguna represión.

Y el cuarto punto, muy frecuente, es que cuando nos narran las circunstancias familiares, infantiles, donde buscamos los elementos cruciales de los primeros restos edípicos... Pueden  describir eso en general, pero luego concluyen diciendo ‘pero todo eso ya pasó, nada de lo que me pasa tiene que ver con eso, eso ya fue, ya fue. Si podemos usar esa expresión juvenil, por otra parte, y sintetizar esta posición en eso, ha habido un padre, ha habido una madre, ha habido  una infancia, pero eso ya fue.