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Presentación

Presentación del libro:
Entre neurosis y psicosis. Fenómenos mixtos en la clínica psicoanalítica actual

Primero querría agradecer a los amigos de Cita por la invitación a participar en sus jornadas, y especialmente por la oportunidad que me dan de presentar el libro “Entre neurosis y psicosis- Fenómenos mixtos en la clínica psicoanalítica actual” de J.C.Indart, E.Benito, C.Gasbarro, L.Tudanca y F.Vitale.

Me une con los autores, como la mayoría de ustedes saben, un lazo transferencial. He concurrido a cada una de las noches que bajo el título “sobre las psicosis ordinarias” tuvieron lugar el año pasado el la EOL.  Este libro recoge el trabajo realizado en ese espacio de la Escuela.

Si hago mención a la transferencia, es porque sólo desde ese lugar, me es posible presentar este libro. El trabajo producido durante esas noches ha tenido efectos en mi formación como analista, que he podido corroborar en lo real de mi práctica.

Hace algunos años, cuando recién habían aparecido los volúmenes de “Los inclasificables” y  “La psicosis ordinaria”, me pasó en el marco de una supervisión hospitalaria, llevar un caso de una paciente joven muy comprometida con el consumo de drogas. Era un caso muy difícil que me tenía bastante preocupado y muy desorientado. El saldo de esa supervisión fue una precisión diagnóstica, se trataba de una psicosis ordinaria. Me quedé con la misma preocupación, pero mucho más desorientado de lo que ya estaba.
Desde esa desorientación, que ha perdurado en el tiempo, pensé armar esta presentación aislando cuatro puntos que me permitieron empezar a orientarme un poco en este tema.

-Ubicación de las psicosis ordinarias-

En las primeras páginas del libro, Janqui Indart, separa claramente dos ubicaciones posibles donde incluir la investigación sobre psicosis ordinarias.

Por un lado toda una serie de indagaciones dentro del campo mismo de las psicosis. Indagaciones que fueron más allá de los textos clásicos de Lacan sobre psicosis, que permitieron tomar de manera más amplia los alcances del fenómeno elemental, y en consecuencia contar con mayores detalles clínicos para diagnosticar y tratar las psicosis. En relación a estas valiosas indagaciones, Indart nos dice que no es de ahí de donde provino la expresión “psicosis ordinaria”.

Creo que ubicar en este campo la investigación sobre psicosis ordinaria llevaría no solo a  una ampliación del detalle clínico en la psicosis, sino también al riesgo de generalizar el diagnóstico de psicosis, con consecuencias éticas para la dirección de la cura.

Por otro lado, tenemos toda otra serie de indagaciones en relación al malestar que produce la época en la que vivimos, donde se verifica la decadencia de la función Nombre del Padre y la aparición de lo que llamamos nuevos síntomas. Síntomas que afectan a sujetos que nos llegan al consultorio y que ponen en jaque al dispositivo analítico y a nuestro saber clínico.

Es este el lugar donde los autores ubican la investigación sobre psicosis ordinaria. Es así que los casos que se discuten nos presentan síntomas, actuales o nuevos, difíciles de situar en nuestras clasificaciones clásicas.

El caso Lucas, presentado por Mariano Peiró, muestra en un sujeto de 14 años la irrupción de un síntoma obsesivo que no responde a la lógica neurótica. A propósito de este punto, Luis Tudanca dice que “a diferencia (de la neurosis obsesiva) el TOC no se presenta en relación a la verdad, lo que implica que no está articulado al Otro y que no se puede hallar en él nada del orden del retorno de lo reprimido”.
Queda planteada así una pregunta, ¿si la invención sintomática de un sujeto no entra en el armado defensivo de la neurosis, esto nos dirige necesariamente al campo de las psicosis?

Esta pregunta hace aparecer al diagnóstico como un obstáculo a sortear en la investigación sobre las psicosis ordinarias.

 -El obstáculo del diagnóstico-

A lo largo de todo el libro, en la discusión de cada uno de los casos, hay una idea que se sostiene como premisa para poder avanzar en el entendimiento de la clínica actual, la psicosis ordinaria no es una nueva categoría diagnóstica. Indart nos indica, justamente, que ese es “el obstáculo a superar, que creamos inmediatamente que se trata de la aparición de un nuevo diagnóstico preciso, que se puede hacer, y al que correspondería una dirección de la cura asegurada”. Superar ese obstáculo implica un cambio de perspectiva sobre nuestra forma de pensar las estructuras clínicas. F. Vitale insiste en algunas de sus intervenciones en las consecuencias pragmáticas que se abren si se deja de pensar a la psicosis desde la neurosis, y nos acomodamos a la idea de pensar a la neurosis desde la psicosis. Nueva perspectiva que permite pensar a la psicosis ordinaria como “base común” de todo ser parlante, en tanto no hay escritura de la relación sexual, y ubicar para cada sujeto que soluciones sintomáticas, entre ellas la del Nombre del Padre, intentan anudar real, simbólico e imaginario.

Sorteado el obstáculo diagnóstico y soportando este cambio de perspectiva, se pueden entender los fenómenos mixtos o mezclados que menciona E. Laurent y que los autores toman como referencia inicial para el trabajo que se proponen. Fenómenos mixtos que se indagan en cada uno de los casos que se discuten y que implican que pueda haber para un mismo sujeto “zonas en las que está funcionando la suplencia Nombre del Padre y otras en que no”.

En el caso Juan, presentado por F. Vitale, vemos como pueden convivir fenómenos de un transitivismo imaginario tan intenso, como los que se le presentan con su novia o en la escena donde le dice a una amiga que se tome un migral porque le dolía la cabeza e inmediatamente le viene la idea de tomarse uno él, o cuando se hace antiabortista militante luego de leer que un músico famoso se oponía al aborto; con los efectos de apres-coup y relectura de sus dichos que producen las intervenciones del analista, en los cuales corroboramos algún funcionamiento del Nombre del Padre.

Explorar en cada caso estos fenómenos mixtos, ubicar las zonas donde hay alguna eficacia de la función Nombre del Padre, poder pensar como servirnos de eso en la dirección de la cura abre la posibilidad, como nos lo indica F.Vitale, de alejarnos del “riesgo de concluir inmediatamente en el diagnóstico de psicosis y que la dirección de la cura quede reducida a ayudar al paciente a sostenerse en sus suplencias”.   

-Las neoplacas-

Suspender el diagnóstico cerrado frente a los casos difíciles que nos presenta la clínica actual, nos dirige a una indagación detallada de los fenómenos mixtos que se presentan entre los polos de la neurosis y la psicosis. Indart nos propone “escanear” los casos, haciendo valer cada detalle clínico de los mismos. Propuesta exigente que implica retomar las elaboraciones de Lacan, a lo largo de toda su enseñanza, sobre cada uno de los registros, para desde ahí poder hacer una lectura de los casos desde una nueva perspectiva. En cada caso presentado se examinan en detalle, tanto las perturbaciones que cada sujeto tiene en lo imaginario, como las relaciones que mantiene con lo simbólico y los diferentes desordenes de goce que presenta.

Esta forma de lectura de los casos permite ubicar las distintas soluciones sintomáticas que cada sujeto se inventa frente a la psicosis ordinaria de base que implica la inexistencia de relación sexual. Es en ese punto que aparece en el libro la invención de un concepto como el de las neoplacas. Invención lograda que introduce E.Benito, para dar cuenta de lo que se discute cuando se habla de fenómenos mixtos. Tomando el concepto de la fobia como placa giratoria, que no es un síntoma del Nombre del Padre sino que lo suple, estas nuevas placas ubicadas a nivel de la no relación sexual, nos dice Benito, “siguen siendo giratorias porque de ellas parten distintas vías no excluyentes, cosa que da por resultado una combinación de respuestas singulares con las que nos enfrentamos en la clínica de todos los días”. Entonces entre los fenómenos mixtos se puede encontrar desde hilos edípicos, hasta trastornos de la alimentación, TOC, adicciones y “también intentos de recurrir al discurso universitario, como salida”. Neoplacas que según lo que pase pueden conducir a anudamientos más vinculados al Nombre del Padre o no.

En los casos Carla y Silvio, presentados por L.Tudanca, vemos como sujetos con un mismo síntoma “el atracón”, en un caso, el de la mujer, parece girar más hacia el polo de la neurosis y el anudamiento al Nombre del Padre, aunque el síntoma perdure, y en el otro caso, el del hombre, ese giro parece no producirse, si bien se consiguen efectos a nivel de la angustia.

-El síntoma como límite-

En tanto sostener este proyecto de investigación implica un cambio de perspectiva que pasa por pensar a la psicosis ordinaria como la estructura de base en el ser parlante, y  en consecuencia al Nombre del Padre como una solución sintomática entre otras, F.Vitale se plantea la siguiente pregunta, “en qué ese cambio de perspectiva nos puede permitir volver a pensar a qué le llamamos síntoma en psicoanálisis?”.

En cada uno de los casos trabajados se exploran detalladamente  las respuestas sintomáticas de cada sujeto y si estos síntomas sostienen al Nombre del Padre o están en su lugar como suplencia. Este punto de indagación sobre el síntoma toma particular relevancia clínica en tanto la solución Nombre del Padre muestra de forma cada vez más generalizada su decadencia. Es sumamente interesante como se va ubicando la posible función de límite que cumplen estos síntomas más allá del aspecto ilimitado que presentan.

En el caso Alicia, presentado por C.Gasbarro, se verifica la función de límite que puede tener el síntoma para un sujeto. Tratándose de un síntoma en dos tiempos comer-vomitar, se produce un acontecimiento donde la paciente decide voluntariamente dejar de vomitar para engordar un poco y así pasar una evaluación laboral. Suspensión que, como nos relata C.Gasbarro, precipita a la paciente en “una acción devastadora: come sin parar todo un fin de semana, se mete de lleno en su capricho furioso y se hace cortes en los brazos”. 

En el caso Pedro, presentado por E.Benito, vemos como algunos inventos sintomáticos, el parpadeo, la escritura o un síntoma obsesivo, hacen de límite frente a la intrusión caótica del pensamiento.
Para finalizar cito lo que Juanqui Indart nos dice en una de sus intervenciones sobre este punto de indagación, “Si uno está acostumbrado al orden del Nombre del Padre, llama “síntoma” a muchas cosas que se caracterizan porque fracasa un límite; no funcionan dentro de ese orden...El síntoma suele ser caracterizado como un “no funciona el límite” y queda entonces asociado justamente a algo ilimitado, desbordado. ¿Qué hacemos con la idea de Lacan de que del síntoma se podría pensar que suple un fracaso del Nombre del Padre y es capaz, en cierto modo, de ordenar los tres registros? Para poder pensar eso hay que tratar de situar el hecho de que vaya a saber qué otra cosa están sosteniendo, en términos de una dispersión de esos tres registros. Ese es el debate: en qué sentido tiene interés o no pensar el síntoma como un límite, aunque se presente fenoménicamente como transgresivo o complicado dentro del orden Nombre del Padre”.

 

Lo que me queda, luego de haberles presentado lo que hasta ahora pude extraer como orientación durante las noches en la EOL y la lectura del libro, es recomendar, para quienes todavía no lo leyeron, que lo hagan; y para quienes ya lo leímos que lo sigamos haciendo, hay muchos temas que quedan abiertos para continuar con este proyecto de investigación

Esteban Klainer
Miembro EOL