
Reseña de la presentación del libro de Claudio D´Amico,
Las veintitrés ventanas
Sabido es por todos la valoración que prodigaba Freud a los poetas, a los que reconocía como nuestros maestros; el 31 de marzo tuvimos en CITA la oportunidad de comprobar, una vez más, su acertada apreciación.
El Poeta Claudio D´Amico, amigo de la casa en tanto que ya ha presentado, su segunda producción el libro de poemas: “Todas las lunas del mundo”, publicado luego de su libro de cuento: “La noche fría del alma” y en esta ocasión nos convida con su obra de narrativa breve: “Las veintitrés ventanas” , en el marco de una actividad conjunta del área de Biblioteca y la Secretaría de Cultura de nuestra institución, convocando gente amiga y del más diverso circuito cultural platense.
Confiesa el autor que fue en un ejercicio de escritura, haciendo hablar a un personaje imaginario de diversos modos, lo que terminó decantando en libro. El argumento: “Alguien” que pasa por un sendero inexplorado se encuentra repentinamente con una mansión con veintitrés ventanas y nos cuenta lo que ve, sin que en ninguna de ellas haya correspondencia entre las historias, espacios y tiempos.
D´Amico no es indiferente respecto del lugar donde se encuentra y nos hace resonar tanto el objeto mirada como el marco fantasmático, impregnándolas de sensibilidad poética y su rasgo distintivo: el humor.
Someras alusiones a distintas ventanas hacen fluctuar el clima emocional del encuentro, de la densidad que en sus sintagmas no progresivos de la habitación 8, El Príncipe (del mal) nos alecciona acerca de cómo hacer el mal de manera perfecta, a condición de no ser habitado por él… a la necesaria oxigenación vía el humor de la ventana 17, La cocina.
Pasajes por lo romántico, lo oscuro… o la osadía que las palabras de Ionesco pone en boca de su personaje literario, que tanto nos hizo resonar con lo Real lacaniano.
La faz testimonial del autor no estuvo ausente respecto de su transitar por algunos lugares, no sin angustia, no sin dolor…
Describe, según su parecer, tres tipos de miradas:
La omnipresente, el verlo todo, como ficción de lo imposible -en tanto no somos dioses-
La que elige que ver y que no, y su trampa del lenguaje en tanto que elegir no ver es ya haberlo visto…
Y aquella mirada tan propia del poeta, la que se deja interpelar por las cosas, dejando que la misma “cosa” le cuente qué es, sin intermediación… tal como ocurre con el personaje.
Llega la presentación a su punto más álgido en la habitación 9, Nada. Un marco y dentro nada, nos advierte la cercanía a lo Real a diferencia de las 22 realidades restantes, y el desafío (a condición de no anclar allí) de bordear lo Real como el acto más auténtico y genuino de nuestras vidas. Añora el autor sea ésa la única hoja que no se desdeñe de su libro, soportando la angustia de no refugiarnos, rodeándonos -de lo imaginario simbólico- para ¡bordear lo Real encendiendo luces nuevas! Nos asegura que el bordear la nada, encendiendo luces que sin dudas se volverán quebrantos, serán contradichas, superadas, desaparecerán volviéndose como nosotros cenizas… pero, quedará el Acto de Iluminar. Nos invita a autorizarnos en ese acto irrepetible por otro, del que somos irremplazables, el acto de bordear la nada encendiendo luces nuevas ¡!
Estimado lector, sugiero échenle una mirada a la ventana 11, 14… como inspiración. A la vez, una resonancia surge en lo dicho por D´Amico, recordándome los versos de Fernando Pesoa en: “Sobre Literatura y Arte”.
“Porque quien al morir
deja escrito un verso bello;
deja más ricos los cielos y la tierra
y más emotivamente misteriosa
la razón de que haya estrellas y gentes…”
Claudio D`Amico, habrás cumplido ¡!
PD: Fiel a su estilo y el de sus amigos, no podían faltar los vinos, la música y el humor… porque confiesa el poeta, además del Psicoanálisis, a él lo desangustia bordear la nada creando…
Carlos Davicino, Miembro de CITA.